“Oliago” de Menorca para la vuelta a la actividad

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¡Buenos días! ¿Qué tal está yendo la incorporación a la actividad habitual? Yo reconozco que no muy bien. En el trabajo tenemos toda la plantilla el mes de agosto de vacaciones, lo que es genial porque permite desconectar completamente de lo que habitualmente hago y recargar las pilas de una manera alucinante. Pero tiene la contrapartida de la vuelta al trabajo, que se hace dura, porque hay que reconocer que de vacaciones se está requetebién.

Además, como le pasa a mucha gente, tengo el mes de septiembre como si fuera un comienzo nuevo de año. Para mí los años no comienzan en enero, comienzan en septiembre, y claro, después de un mes de vacaciones, descansada, con energías renovadas, apetece hacer de todo, y haces miles de propósitos nuevos para este nuevo curso y resulta que la vuelta a la rutina se hace más cuesta arriba por querer incorporar hábitos que no son los nuestros.

Supongo que habrá alguna manera para que todos esos propósitos se lleven a buen término sin agobios, pero de momento no es mi caso, así que cuando encuentre una manera que me funcione os lo cuento.. 😉

De momento vamos a lo que nos interesa: la receta del oliago. Lo que me lleva a contaros un poquito mi destino de vacaciones: Menorca o lo que es lo mismo, el lugar donde querría perderme de vacaciones el resto de mi vida! ¡Así, tal cual!

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Sólo nos fuimos una semana, suficiente para descansar y desconectar de todo, pero me supo a poco y me hubiera quedado una semana más, aunque echaba tremendamente de menos a mis gatos y mis perros.

Qué decir de Menorca: que nos ha enamorado toda ella. Es una isla pequeña, acogedora, y de la que guardamos muchos y muy buenos recuerdos. Nos ha gustado todo: sus playas, sus calas, sus edificios, su cocina, su luz, su clima, su arena blanca y su mar turquesa (no, no está retocado, es así, lo juro!)… ¡nos encantó todo! ¡Mediterráneo en estado puro!

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Y a propósito de mis vacaciones, hoy os traigo una receta de allí. El oliago (en menorquín) u oliaigua (en catalán-valenciano) significa aceite y agua, y es una sopa que se toma preferiblemente fría, parecida al gazpacho andaluz, pero donde los ingredientes se sofríen previamente sin que llegue a hervir nada (luego os cuento cómo se prepara con más detalle).

El resultado es una sopa fría, riquísima, de verduras, donde el sabor al sofrito queda de fondo y le da una personalidad muy especial. Es realmente rico, y desde que volvimos de Menorca lo he preparado muchas veces en casa. Es un aperitivo excelente antes de comer: rico, sano y fresquito, que notas lo bien que le sienta al cuerpo al instante. ¡Una maravilla de receta! ¡Entra sin sentir! 😀

La receta la he sacado de un libro de recetas menorquinas que compré estando allí, aunque he hecho algunas modificaciones para adaptarla a cómo nos gusta tomarla en casa. Os dejo la referencia del libro:

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“La cocina de Menorca”. Josep y Damià Borràs. Viena Ediciones. 2009.

En el libro, la sopa no se tritura y se cuela como he hecho yo, ni añade picatostes, sino que se toma con los trozos de la verdura tal cual y rebanadas de pan del día anterior.

¡Pero vamos allá con la receta!

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INGREDIENTES
{Para 6-8 raciones}

  • 1kg. aprox. de tomates maduros.
  • 1 pimiento verde.
  • 1/2 cebolla.
  • 1 ó 2 dientes de ajo (al gusto).
  • 5 ó 6 cucharadas de aceite de oliva.
  • 1 litro de agua.
  • Pizca de sal y perejil.
  • Picatostes o pan del día anterior.
  • Unos tomates cherrys.

PREPARACIÓN:

Pica la cebolla en juliana gruesa, lamina el diente de ajo y trocea el pimiento y los tomates en dados ni muy grandes ni muy pequeños. Pica el perejil.

Pon aceite a calentar en una cazuela de barro si tienes, si no, pues en una sartén la más grande que tengas. Ponlo a fuego suave. Recuerda en todo momento que en esta receta no utilizamos en ningún momento el fuego fuerte, todo es muy suave.

Añade la cebolla y el ajo, y unos cinco minutos después, añade el pimiento. Antes de que la cebolla coja color, añade el tomate y el perejil. Añade un punto de sal y remueve. Recuerda, a fuego suave, no debe freír ni hervir en ningún momento.

Deja cocinar el tomate sin dejar de remover. Estará listo unos 20 minutos después, cuando empiece a desprendérsele la piel (se ve que se va enrollando). Si fuera necesario, añade medio vaso de agua, para que el tomate no se asiente en la sartén, y la sopa sea más digestiva.

Cuando el tomate esté listo, añade un litro de agua, rectifica de sal, y deja que se caliente el conjunto (recuerda que no debe hervir).

Hasta aquí el oliaigo tradicional. Se acompaña con unas rebanadas de pan del día anterior.

Yo decidí tomarlo como una sopa que puedes beber, por eso trituré el conjunto en un bol con la batidora, y la pasé por un colador para eliminar restos de pieles y pepitas que pudieran resultar desagradables al paladar.

Acompañé con unos picatotes y unos tomates cherrys cortados en mitades. Rico no, ¡riquísimo, lo prometo!

Y hasta aquí la receta y el resumen de mis vacaciones. Veamos en los próximos días si consigo poner en marcha todos los propósitos de curso nuevo que me he propuesto. ¡Os mantendré informados/as! 😀 😉

Hasta entonces, cuidaos mucho. ¡Nos leemos en la siguiente receta!

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